En la penumbra de un antiguo bar,
donde la luz danzaba al compás del cigarro,
apareció, como un sueño celestial,
una dama cuya belleza deslumbró mi mirada.
Su figura esbelta y grácil,
envuelta en un vestido de seda,
reflejaba la elegancia de un cisne en el lago,
y mi corazón quedó cautivo en sus redes.
Sus ojos, dos luceros brillantes,
refugio de secretos y suspiros,
me envolvieron con su mirada encantadora,
y en ese instante supe que estaba perdido.
Sus labios, carmesí tentación,
despertaban deseos ocultos,
y cada palabra que salía de su boca,
era música celestial, acariciando mis oídos.
Sus cabellos, cascada de ébano,
enmarcaban un rostro angelical,
y en cada movimiento, una sinfonía,
que hacía latir mi corazón de manera frenética.
el tiempo se detuvo, y solo existimos ella y yo,
en un universo paralelo de encanto y misterio,
donde el destino nos entrelazó con su hilo de amor.
El tiempo, cruel y fugaz, nos separó,
y en mi memoria quedó grabado aquel encuentro,
un destello de belleza en una noche de ensueño,
la primera vez que vi a aquella hermosa dama en un bar.
Desde entonces, mi vida es un suspiro,
buscando en cada rincón su presencia,
esperando el día en que el destino nos reúna,
y podamos continuar aquel encuentro suspendido en el aire.
Por siempre recordaré aquel bar,
donde encontré la perfección hecha mujer,
y en cada verso y suspiro, la inmortalizaré.
Creditos: Poeta Errante y chat.openai.com
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